¿CÓMO
CREAR UN DISTRITO MURAL?
10 AÑOS DESPUES: La historia (y algunas conclusiones) de Distrito Graffiti, Bogotá y Ciudad Mural, Getsemaní.
CAMILO FIDEL LÓPEZ
Ha pasado el suficiente tiempo. Este año se cumplen diez años de la primera edición de Distrito Graffiti en Puente Aranda y, acompañado por el rasero de los días, he podido masticar con calma los resultados y efectos de un proyecto que nació como una idea entusiasta y ambiciosa: crear el escenario de apreciación del arte urbano más importante de la ciudad. Recuerdo que había llegado de Wynwood de pintar “Náufragos” con Santiago Castro y Ricardo Vásquez y la idea de crear algo parecido —pero diferente, muy diferente— se convirtió en una de las prioridades de Vértigo Graffiti para 2016. Por fortuna conté con el respaldo, desde la primera reunión de las personas que trabajaban en la Secretaría de Cultura (luego se sumaría el IDARTES). Juntos, empezamos a darle forma —y presupuesto— a lo que sería un proyecto novedoso e insólito para la ciudad.
Alguna fotos previas a Distrito Graffiti en la zona donde terminarían ubicándose los murales


El argumento más fuerte para haber sugerido Puente Aranda fue, en primer lugar, su fácil acceso en transporte público y cicloruta (tal y como lo soñamos y sugerimos desde el comienzo, ahora la estación lleva el nombre de Distrito Graffiti) y, en segundo lugar, pero no menos importante, era mi interés y el de la alcaldía, descentralizar la oferta cultural del centro de la ciudad. Para mal y para bien, Puente Aranda siempre ha sido concebido como una localidad industrial. En medio del proceso entendí la falsedad de esta percepción común: la mayoría de la localidad es residencial.

También nos ayudó el hecho de haber contado con la fabulosa experiencia de Ciudad Mural -Cartagena (de hecho el primer Distrito Graffiti se llamó Ciudad Mural II), un evento que habíamos organizado junto a Homecenter, la alcaldía de la ciudad y el Instituto de Patrimonio, y del cual surgieron más de treinta murales de artistas internacionales, nacionales y locales. El desenlace de Ciudad Mural no fue del todo positivo, los murales fueron el comienzo de un exceso comercial en el uso de murales y, además, supo acompañar el proceso de gentrificación que hoy por hoy aflige al barrio. De esa experiencia aprendí a ser más cuidadoso al identificar las zonas propicias para este tipo de distritos, no vaya a ser que me vuelvan a terminar culpando de un proceso que, considero, es esencialmente especulativo y económico como es la gentrificación. En mi defensa dice que el mural de MDC, que ocupó una de las esquinas más importantes del festival, tomo como punto de partido la denuncia de esta situación (también rodamos un documental llamado Getsemaní, el último barrio, que, contando la historia del festival, narraba la problemática dell éxodo de vecinos del barrio). Aunque no me arrepiento de Ciudad Mural, debo decir que el lugar adecuado para hacerlo, o al menos más propicio, era el sector aledaño de La matuna y no el histórico barrio de Getsemaní. Ojalá, así como el tiempo me trajo comprensión me pueda dar una revancha para probar mi tesis y hacer un nuevo Ciudad Mural allí. Primera conclusión: se deben evitar los barrios o sectores con una carga histórica, patrimonial y arquitectónica relevante, so pena de poner en riesgo su imperiosa necesidad de su conservación.


El mapa de murales de Ciudad Mural Getsemaní
Cortometraje documental, Getsemaní, el último barrio


Quiero hacer una pausa para reconocer otro error. Distrito Graffiti no debió llamarse así, más bien debimos llamarlo Distrito Mural. Ahora sé a ciencia cierta que cuando interviene un tercero en la relación creativa en la calle (llámese institución, gestor o patrocinador) la naturaleza de la obra y su resultado cambian; ya no se trata de grafitis, sino que se enmarcan en la amplia y generosa categoría de murales. De vuelta a mis justificaciones, puedo decir que gracias a Distrito Graffiti proliferaron —y proliferan— cientos de grafitis espontáneos en el sector; incluso algunos han llegado a poner firmas y throw ups en los inmensos murales que ahora —lamento decirlo— languidecen. Segunda lección: llamar a las cosas por su nombre.
Algunos murales de Ciudad Mural Getsemaní

Lo anterior me lleva a quizás la conclusión más importante —la cual ahora considero como algún tipo de imperativo—, este tipo de proyectos urbanos debe tener como principal patrocinador al sector privado. Desafortunadamente, en Bogotá la mayoría de planes culturales tienen una fecha de expiración. Pasados los cuatro años, las nuevas administraciones cambian de enfoque y, así como le pasó a nuestro proyecto, se pierde el impulso público y los recursos se dirigen a otras zonas o sectores. Con tristeza he sido testigo de cierto deterioro que ha tenido Distrito Graffiti. Toda una pérdida de una excelente oportunidad, teniendo en cuenta su posicionamiento como destino turístico y el mismo nombre de la estación. Estos proyectos deben plantearse a largo plazo —más allá, al menos, de los cuatro años— y poder asegurar la obtención de recursos por parte de la empresa privada para garantizar su sostenibilidad. Es probable que el interés en hacerlo —admito que no logré conseguir un socio de este tipo— no haya sido tan robusto ante nuestra absoluta negativa de no pintar logos o mensajes comerciales. Esa amenaza latente que ya ha devorado sectores enteros, como ocurre en la carrera séptima (o el mismo Wynwood). La séptima es un espacio histórico del grafiti que ahora es ocupado por moles inmensas de publicidad disfrazada de mural. (Una jugada astuta, sin duda, para evitar la denominación de publicidad visual exterior).


Algunos murales de Distrito Graffiti 2016

Murales de Bikismo (Puerto Rico) y Kenor (España) Distrito Graffiti 2016

Proceso Esteban del Valle, (EEUU), Distrito Graffiti 2016

Pero ya no me detendré en los reparos. Tampoco se trata de negar los aspectos sobresalientes de nuestro proyecto. Empezando porque Distrito Graffiti supo incrustarse en la lógica de una ciudad, no solo por su pretendida descentralización cultural, sino también por haberse planeado cerca al movimiento de las personas (los buses y la bicicleta). Considero que es un error, y así lo he planteado ante otras ciudades que han querido emular el proyecto, que este tipo de escenarios culturales se hagan en lugares de difícil acceso para los públicos. De otro lado, siento que la zona sí, y no de la misma manera que sucedió en Cartagena, se revitalizó. Hoy en día veo más movimiento y actividad comercial en la zona; algunos dirán que esto se debe a la ubicación de sendos call centers en la vecindad, pero he visto cómo algunos negocios se enfocan y ofrecen productos y servicios —recorridos turísticos, por ejemplo— que están destinados a los visitantes, muchos de ellos extranjeros. Por último, creo, lo que para mí sería lo más importante, que el mayor logro de Distrito Graffiti fue haber tenido una apertura conceptual y curatorial en las temáticas que se abordaron por parte de los artistas. En ese momento, fuimos sensatos, y propusimos temas tan amplios, que permitieron la llegada de miradas muy distintas y variadas de tres continentes. Miradas que lejos estuvieron de ser complacientes, ese enorme riesgo que ocurre —casi sin falta— en los proyectos que se ejecutan con recursos públicos.


Algunos murales de Distrito Graffiti 2019. Visita de turistas

Murales de Pro 176 (Francia), 2020.

Mural Uri, España, 2019
Mural BIO (EEUUl) y Sabataje (España) 2019. Distrito Graffiti


Diez años después me queda el sinsabor de la misión cumplida a medias. Estoy convencido de que el potencial del proyecto quedó en veremos. Soñaba con un sector de al menos mil murales (hoy en día tiene algo así como ciento cincuenta) y que fuera capaz de cruzar las amplias avenidas que se entrecruzan en el sector (Las avenidas América y 13). Sin embargo, aún no pierdo la esperanza de continuar haciéndolo. Pero esta vez espero poner en práctica todo esto que aprendí y todo aquello que el tiempo me ha permitido ver con claridad. Quizás me haya dado por recordar como una forma inusual de volver a ponerle ruedas a Distrito Graffiti. Sé de antemano que queda mucho por hacer, pero al igual que mi primera percepción de Wynwood, esta vez lo haría parecido pero diferente. Muy diferente.
Camilo Fidel López
Creador y Director de Distrito Graffiti
2016-2019
Mural FLOP (Brasil) 2019.
